Los mantenidos

 

Fabián Robles Medrano

 

El proceso electoral del 1 de julio sirvió para poner en evidencia que muchos de los partidos políticos y sus promotores no tienen nada que hacer en el sistema político mexicano. Los resultados adversos que obtuvieron son un mensaje claro de la ciudadanía que, a través del voto, les dijo “no hacen falta”.

 

Gracias a ese ejercicio democrático fue posible deshacernos de por lo menos dos de ellos en el plano nacional: Nueva Alianza y Encuentro Social.

 

Lo sucedido con ambos experimentos políticos demostró el deterioro de uno y otro porque la ciudadanía no se siente representada por ninguno.

 

El caso de Nueva Alianza es muy patético ya que, pese a surgir de la cúpula del sindicato de maestros –el más poderoso y grande de América Latina- ni siquiera a los propios docentes les interesó apoyar a los candidatos de este partido.

 

En el pasado proceso electoral federal, ni el Panal ni Encuentro Social fueron capaces de reunir el mínimo de votos requerido por la legislación en la materia para subsistir. Y así les fue.

 

Sin embargo, contrario a lo que muchos quisiéramos, el mensaje que mandó la sociedad a los partidos políticos, no fue bien entendido por los dueños de varias franquicias. Muchos de ellos, sin desdoro alguno, insisten en aferrarse a las “bondades” de la ley para seguir viviendo a costillas de los impuestos de todos los mexicanos.

 

Ese es el caso de Nueva Alianza cuya dirigencia insiste en mantenerse en el espectro político, al menos en el plano estatal donde consiguió ya su registro como partido político local.

 

La acreditación la consiguió ese partido apenas la semana pasada y hasta ahora todavía no sabemos a cuánto ascenderán las prerrogativas que se llevará a partir del año próximo, pero sin duda que a sus franquiciatarios les servirán para vivir de manera holgada y sin preocupación alguna.

 

No debemos olvidar que los partidos políticos son las únicas empresas que se mantienen a flote en este país. A sus dirigentes no les preocupan las variaciones en el precio del dólar, o el costo del barril de petróleo, y mucho menos les interesa la eventual caída en la captación de impuestos en los tres niveles de gobierno.

 

Los partidos y sus líderes, por obra y gracia de la ley, tienen garantizado el dinero que les sirve para vivir y, en muchos casos, para hacerlo bastante bien, sin penuria alguna y sin ocuparse de rendir cuentas o de ofrecer algún beneficio a la población.

 

Por eso mi oposición a que sigan reproduciéndose como hongos en el bosque y también a seguirlos manteniendo, al menos con las normas vigentes.

 

En Tlaxcala, ni siquiera nos habíamos repuesto de la noticia por el otorgamiento del registro a Nueva Alianza, cuando dirigentes de la Coduc –esa agrupación campesina vinculada por antonomasia al PRD- ya le pusieron fecha para buscar su registro también como partido. Ellos saben perfectamente lo rentable que resulta un negocio de esta naturaleza, de ahí su interés por escindirse del sol azteca y fundar su propia franquicia.

 

Una rápida visita al cementerio donde yacen varios experimentos políticos de este tipo, nos permite recordar a Fuerza Ciudadana, el Partido Liberal Mexicano, México Posible, Mexicano de los Trabajadores, Socialdemócrata, Demócrata Mexicano, de Centro Democrático, y un largo etcétera de aquellos que pasaron con más pena que gloria tanto en el plano nacional, como en el local.

 

Millones y millones de pesos han sido tirados a la basura, so pretexto de la democracia y de lo que algunos gustan en llamar “necesidad” para mantener un sistema de partidos que, como ya lo dijimos, está rebasado, pues está comprobado que muchos de esos experimentos nada más le apuestan a subsistir a través de las alianzas electorales contra natura.

 

 

 

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